#Tesla

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mayo 08, 2016   |  

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#Tesla

Nunca he visto un anuncio de Tesla. Nunca. O eso creo.

Conozco su imagen corporativa, las características de sus productos, sus precios, sus proyectos, sigo de cerca a su fundador.

Elon Musk es una de las mentes más brillantes del momento y los frutos de sus invenciones, proyectos y ejecuciones favorecerán a la humanidad. Además de coches eléctricos, misiones al espacio populares y casas inteligentes que funcionarán con el sol, Elon ha sido uno de los primeros en liberar todas sus patentes, todas. Y créeme, son muchas. Cuando leí que Tesla hacía esto, yo ofrecí la mía gratis a quien quisiera reducir los accidentes en carretera, nadie la quisó.

Tesla, desgraciadamente, todavía no se vende en España pero Noruega es el segundo país más importante para ellos después de Estados Unidos.

Nunca Tesla ha interrumpido una película o un artículo, por lo menos a mi. El único canal de información por el cual yo he recibido información de Tesla ha sido el de las redes sociales con una particularidad, nunca la fuente de los mensajes ha sido Tesla. Han sido fans de la marca, como yo. Fans dispuestos a ayudar, a participar, a colaborar con el objetivo de que sea lo que ya es; una gran marca. Y que lo siga siendo.

Hace tres años encargue por internet un rueda de bicicleta. No era una rueda cualquiera, era un invento revolucionario, la Copenhaguen Wheel. Para conseguirla, participé en una campaña de crowdfunding en su propia web y pagué unos quinientos dólares que fueron adeudados de inmediato en mi tarjeta. Yo era consciente de que no la recibiría ni al día siguiente y a la siguiente semana. Sabía que era proyecto en desarrollo que no había concluido y que llegado el momento me pedirían las medidas de mi bicicleta para hacerme llegar la rueda adecuada.

Se trata de un precioso proyecto confeccionado en alianza entre el MIT y el ayuntamiento de Copenague. Pasó un mes, dos, tres. Pasaron cinco meses y yo no tenía ninguna noticia de mi rueda ni de la empresa.  Siete meses, ni  rastro…

En ningún momento tuve la mínima duda de que me hubiesen estafado, yo sabía que mi dinero estaba a buen recaudo y que llegado el momento, yo recibiría mi rueda Copenague. En ese séptimo mes pedí la devolución de mi dinero y al día siguiente (asombrosamente rápido) mi dinero estaba en mi cuenta.

Yo había confiado en un proyecto y quería ser parte de él. No era inversor (o sí), no era propietario, no era proveedor, no era distribuidor, no era socio, era cliente. Yo quería haber participado en las decisiones, que me consultasen de que color serían las ruedas o cuantos kilómetros de autonomía me gustaría que tuviesen. Quería fotos y vídeos de la fábrica, emails, noticias y compartirlas en mis redes sociales. Quería participar en procesos de design thinking y de lean. Estaba deseando regalar mis ideas para que ellos y otros clientes seleccionasen (si hubiera alguna seleccionable)  aquellas que pudieran mejorar el producto final. Me devolvieron mi dinero de inmediato pero nunca me preguntaron porque me había ido. Yo tampoco se lo dije.

Tesla crea de forma natural esos lazos colaborativos que tanto ayudan a una marca y tantísimo le ahorran en publicidad. Ya somos nosotros los que escribimos sobre ellos, los que compartimos fotos de sus coches, los que grabamos vídeos para que se suban y se difundan. Los que hacemos pruebas hasta los límites más insospechados.  El desarrollador de nuestro cliente noruego Home ControlMorgan Tørvolt y su amigo Bjørn Nyland poseen el record mundial de kilómetros recorridos con un Tesla S con una sola carga; 728,709 kilómetros. Casi el doble de lo que anuncia el fabricante. Sus clientes, sus fans, están dispuestos a llevar sus productos más allá y por supuesto compartirlo en los medios.

¿Te imaginas llevando tu Seat Ibiza al límite?

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